Cambios en el inmueble que no requieren licencia de obras

Aunque una vivienda sea de nuestra propiedad, acometer una obra sin permiso tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad de Vecinos puede acarrear serios problemas.

En principio, cada ampliación o reforma, requiere la solicitud de una licencia de obra, ya que de lo contrario, podrían denunciarnos y tendríamos que pagar una sanción por no hacerlo de forma legal. Asimismo, si se llevan a cabo las obras sin la correspondiente licencia, se podrían parar o incluso demoler los cambios ya realizados. No merece la pena correr el riesgo de hacer mal las cosas por el mero desconocimiento.

Existen muchas reformas que a simple vista nos parecen sencillas, como cerrar una terraza, o colocar el aparato de aire acondicionado, pero que si afectan a la estética del edificio, necesitan de una licencia de obra.

Para este tipo de cambios, en concreto, se solicitaría la licencia de obra menor, y además de lo comentado en el párrafo anterior, se incluiría la modificación de suelos, techos y paredes o cambios en la fontanería, electricidad o calefacción, así como la supresión de barreras arquitectónicas.

Por otro lado, hay algunos pequeños cambios para los que no es necesario pedir la licencia de obra y que sin duda darán un nuevo aspecto a nuestra vivienda. Aquí hay algunos ejemplos:

  • Cambiar la pintura tanto de paredes como de azulejos.
  • Reformas secas, tales como añadir separaciones en pladur u otros materiales más novedosos como el policarbonato.
  • Cambiar los muebles.
  • Lacar las puertas

No obstante, para cualquier duda, lo mejor es consultar en el Ayuntamiento de la localidad donde tengamos la vivienda, ya que cada uno tiene sus propias regulaciones, o contar con la ayuda de algún profesional del sector para que nos asesoren según el tipo de obra que queramos hacer y así no corramos el riesgo de que nos penalicen.

El futuro de los hogares ecológicos

El cambio climático es una realidad y constituye una amenaza para el medio ambiente y por lo tanto para los seres humanos.

Debemos ser más conscientes de que la solución pasa por nuestras manos, por buscar alternativas a nuestro día a día para contribuir a la reducción de energías que contaminan, tales como el petróleo, el carbón o el gas y optar por energías renovables que además de ser más rentables, consiguen paliar los efectos del cambio climático.

Un hogar ecológico, supone un uso responsable de los recursos dentro del hogar, cuida del medio ambiente y contribuye a su cuidado, mediante pequeñas acciones que generan un impacto positivo para el planeta, acciones tales como tener una alimentación sana y natural (con el uso de alimentos frescos y de temporada), eliminar o reducir el uso de plásticos y reducir el consumo de agua y de energía.

Además de todo esto, también estaría la opción de vivir en una vivienda ecológica como tal, es decir, desde el punto de vista desde su construcción, con materiales naturales que no contaminen junto con un diseño bioclimático para que se adapte a la luz, al sol y a los vientos. Esto significa, tener en cuenta todo lo que la naturaleza ofrece para que el impacto en el planeta sea el mínimo.

Hay que desterrar la idea de que estas viviendas no son adecuadas, por el contrario son mucho más confortables y sanas que las actuales, aunque aún queda mucho camino por recorrer para que la arquitectura sostenible gane terreno, pasando porque la conciencia social en general y con respecto a una vida más ecológica en particular, aumente.

Mientras tanto, debemos pensar que la ‘huella ecológica’ de nuestro paso por el planeta es ya demasiado profunda, con lo que un hogar ecológico, se perfila más temprano que tarde como la vivienda del futuro.